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Las generalizaciones a partir de casos concretas pueden llevar a un error. En la especie conviven altruismo y egoísmo, por lo tanto, ambos son propios de la naturaleza del hombre. La cuestión es ¿cómo están distribuidas estas características dentro del ser humano? Evidentemente disponemos de dos opciones:

a) Existe una parte altruistas en cada uno de nosotros, que está más o menos desarrollada. Es evidente que no todos los individuos son iguales, por lo que en algunos será una cualidad muy notable y en otros tan reducida como para pasar totalmente inadvertida. Estas dos características, según su intensidad y circunstancias se ven favorecidas y eclipsan a la contraria. Esta es la opción más plausible.

b) Es una cualidad diferenciada del egoísmo y en cada individuo solo se puede desarrollar ésta o su opuesta. Es decir, solamente podrían existir individuos egoístas o altruistas, pero nunca las dos condiciones simultáneamente.

Las evidencias experimentales muestran que la primera opción es la más probable ya que un mismo individuo puede mostrar ambas características en diferentes situaciones, ya no solo en diferentes situaciones en el transcurrir de su vida sino incluso pueden ser sentimientos y tendencias que afloran simultáneamente aunque se contradigan.

En cualquier caso, afirmar que el ser humano es altruista por naturaleza y no egoísta, es un error tan grande como afirmar que es egoísta y no altruista. Todo ello porque se encuentran claros y abundantes ejemplos de ambas características.

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